Por Cinthia González
Hablemos de los sucedido en Zacatecas, el 7 de noviembre se dio a conocer una denuncia con al menos 400 estudiantes de secundaria que reportaron imágenes tomadas sin permiso para ser sexualizadas y manipuladas con inteligencia artificial, creadas por compañeros de clase y difundidas en redes sociales. A partir del 11 de noviembre, después de que madres, padres y alumnado se manifestaran por la revictimización y omisiones del director y personal de la secundaria, la fiscalía abrió una investigación, aproximadamente 80 denuncias ante la fiscalía del estado por delitos como violencia digital, violación a la intimidad sexual y pornografía infantil.
Pero esto no es un caso aislado o un “chisme escolar”, esta denuncia nos recuerda el impacto que pueden tener las agresiones en entornos digitales y sus consecuencias más allá de la pantalla; como el impacto psicológico, social, económico o físico derivado de una situación de violencia digital.
La violencia digital es real
Recordemos que la violencia digital se refiere a cualquier acción que vulnere la integridad, dignidad o seguridad de una persona haciendo uso de las tecnologías. En este caso nos encontramos con fotografías tomadas y usadas sin permiso de adolescentes, para posteriormente ser editadas sexualizando los cuerpos y distribuidas haciendo uso de redes sociales. Es violencia sexual y digital, y tiene consecuencias reales.
“No pasa nada, no eras tú en la foto” “cierra tus redes y listo”
Lo digital también se vive en el cuerpo físico y emocional, por ejemplo con la ansiedad, el miedo de no tener control de nuestra imagen, la vergüenza o incluso la culpa. Y puede llegar a tener consecuencias en cómo nos relacionamos con el mundo que nos rodea, como el aislamiento por temor a burlas o comentarios, afectaciones en la vida escolar y personal, tener miedo a que las imágenes se sigan compartiendo, etc. Internet amplifica la violencia y puede repetirla afectando nuevamente a quienes recibieron la agresión.
La violencia digital puede afectar a cualquier persona pero no podemos ignorar que afecta en mayor proporción a mujeres, niñas y adolescentes.
Según el Módulo de Ciberacoso del INEGI de 2024, el 21.0 % de la población usuaria de internet (12 años o más) declaró haber vivido alguna situación de ciberacoso en los últimos 12 meses. 22.2% de mujeres y 19.6% de hombres reportaron haber sido víctimas. En el reporte se indica que, entre las personas de 12 años o más que fueron víctimas de ciberacoso, el 34.5 % de las mujeres reportó haber experimentado miedo, mientras que en los hombres la cifra fue de 16.0 %.
¿Qué podemos hacer?
La violencia digital está en constante cambio, la tecnología nos rebasa y cada día surgen nuevas agresiones; es por eso que es importante combatirla en comunidad. Pensarnos en red significa reflexionar juntas y juntos, platicar de privacidad, consentimiento, intercambiar estrategias de seguridad y hablar de los impactos que pueden tener estas violencias. No solo violenta quien toma o edita la fotografía, también quien la guarda, la difunde, quien hace burla o normaliza.
Revictimizar, pensar en los derechos digitales solo hablando de los riesgos y señalar culpas solo hace que el camino sea más complicado. Hacer cotidiana la violencia ignora las causas e impactos reales que puede llegar a tener. Si bien pueden existir protocolos claros y bien establecidos, estos deben aplicarse desde la reflexión y siempre ser pensados desde un acompañamiento integral.
Ni la inteligencia artificial ni la tecnología son “el enemigo”, solamente son nuevas herramientas para operar desde la violencia. Lo sucedido en Zacatecas es una alerta y oportunidad para poner al centro reflexiones de los impactos de la violencia digital y pensar en el acceso a la tecnologías desde los derechos humanos en los derechos digitales.







