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Defender tus convicciones desde un salón de clases

Por Héctor Nieto

La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en el artículo tercero deja plasmado el derecho de las, los y les mexicanos a la educación:

‘’ Artículo 3o. Toda persona tiene derecho a la educación. El Estado -Federación, Estados, Ciudad de México y Municipios- impartirá y garantizará la educación inicial, preescolar, primaria, secundaria, media superior y superior.’’;

Desde muy corta edad nos ha sido implantada la idea de que el conocimiento es poder…, que hay que prepararnos académicamente para generar un cambio o impacto positivo en el mundo y para acceder a mejores oportunidades, que asistimos a la escuela para eventualmente contribuir en la construcción de una sociedad que se encuentra ‘’en mejora constante’’, pero ¿cómo hacerlo si quienes ejercen la docencia no comparten con la población estudiantil valores, aprendizajes, y experiencias encaminadas a lograrlo? ¿Si las, les y los docentes no atienden al cambio en las necesidades de la sociedad en la que se desenvuelve el alumnado? ¿Cómo hacerlo si el docente invalida y/o minimiza las luchas a las que se enfrentan sus alumnes?

Debemos preocuparnos por quien se encuentra frente al grupo desde educación básica hasta educación superior, en este caso hablaré en particular de las, les y los alumnos que se encuentran formándose como futuros juristas;

Cuando ingresas a las aulas de los primeros semestres de la carrera en Derecho y cuestionas que les dio pie a seleccionar esa carrera la mayoría de las respuestas coincide en la transformación, en la búsqueda de justicia, la protección del vulnerable y en la aportación de un beneficio a la sociedad, que han ingresado porque se han visto en la necesidad de allegarse herramientas jurídicas porque nadie se ha preocupado por proteger sus ideales, orientación, identidades; se predica en las aulas de la carrera que el derecho está en constante evolución porque atiende a dar solución a las necesidades actuales de la sociedad en la que se aplica ¿Por que entonces quienes imparten clases no evolucionan o al menos muestran más empatía con las necesidades de la sociedad y/o de sus alumnes?

Debemos entender que en pleno siglo dos mil veintidós en el aula tenemos en promedio cuarenta maneras diferentes de pensar, diferentes valores, diferentes identidades, diferentes necesidades, diferentes orientaciones… Las, les y los alumnos queremos que desde la docencia se manejen temas que aporten a la formación   de juristas y abogades la práctica de valores, de empatía, de respeto, de protección de tolerancia, de comprensión, que además de ser buenos abogades se dediquen a ser buenos docentes; 

Las, los y les  abogades que forman abogades no deberían estar invisibilizando problemáticas debido a género, de diversidad sexual, de segregación social, de factores económicos… y mucho menos propiciando antivalores que atentan contra la filosofía de vida de sus alumnes. No podemos tener docentes que se dicen ser tolerantes, empáticos y respetuosos cuando su speech de clase se encuentra plagado de comentarios y ‘’ejemplos’’ misóginos, machistas, homofóbicos, transfóbicos con juicios emitidos desde el privilegio, pierden la credibilidad de que verdaderamente tiene la convicción de que el derecho es una ciencia en evolución constante, que atiende a las nuevas y reales necesidades de la sociedad, por no mencionar que los programas curriculares de la carrera de derecho tienen una estructura que aisla temáticas jurídicas actuales.

Les alumnes además buscan un lugar seguro, si en instituciones de educación superior a las que en su mayoría asisten personas mayores de edad, existen ejemplos como el anterior, ¿qué podemos esperar de las, les y los docentes que forman a las infancias y juventudes que son el futuro de nuestro país?

La escuela debe ser un lugar seguro, un templo de aprendizaje y crecimiento, no un lugar que segrega, que ignora, que señala, que invisibiliza;

Necesitamos que las personas que se dediquen a la docencia estén preparados para enseñar con perspectiva de género, con tolerancia y pasión, desde los derechos humanos, maestras, maestros, maestres que formen a las voces que construyen nuestro futuro, que empaticen con el alumnado, que formen legisladores con perspectiva de género, juristas que verdaderamente defienden y buscan la justicia social. Ya no necesitamos maestras y maestros que utilizan el ‘’espero que no se vayan a ofender’’, profesores que tiran por la ventana su speech de inclusión y respeto.

A les alumnes que me leen: gracias por existir y resistir.

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