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El impacto de las noticias en nuestra salud mental

Por Fernanda Lugo


¿En algún momento nos hemos puesto a analizar como el constante flujo de información, disponible 24/7 en nuestro bolsillo afecta nuestra psique?

Con la reciente apertura de los archivos de Epstein, y demás noticias relacionadas a la violencia de género, violencia hacia las niñas, niños y adolescencias, se abre un debate interesante sobre la disponibilidad continua de información. Es prudente comenzar señalando que en Internet indudablemente ha venido a democratizar el acceso a la información y a hacerla más accesible en lenguaje, terminología y velocidad, lo cual ha tenido un impacto sumamente positivo para documentar, reportar y discutir sobre acontecimientos sin el tinte de interés o la mediación que sostienen los medios de legado (como las grandes casas periodísticas o los conglomerados de medios).

Esto mismo, ha permitido la existencia documentación de hechos históricos sin tintes políticos institucionales, o inclusive nos ha permitido cuestionar la narrativa usualmente “dada” por los medios tradicionales. Pero el constante flujo de información muchas veces en crudo de noticias que por su naturaleza requieren de mayor tacto, o manejo, puede causar la desensibilización de las audiencias. El manejar con sensacionalismo noticias como la reciente implicación de personas públicas en un gran escándalo sexual, le resta importancia a lo central de estas narrativas, las personas receptoras de esta violencia.

Es así que como audiencias, podemos caer en trivializar información con respecto a actos y violencias terribles debido a la constante exposición, al sinfín de videos producidos sobre el tema, nombrando a las “personalidades” cómplices y agresoras, la declaración explícita de los horrores por las cuales varias personas han pasado, teorías conspirativas sobre las motivaciones de este “escándalo”. Ya que es ampliamente estudiado, como la constante exposición a temáticas de violencia sin contextualización o carente de narrativas adecuadas centradas en la prevención, impacto y estragos reales de esta, puede afectarnos de maneras ciertamente negativas.

Si bien, esto nos pone en una encrucijada psicosocial sin una respuesta clara; ya que la visibilización de estos crímenes y violencia ejercida por un grupo de poder selecto que mayormente se encuentra impune es absolutamente necesaria. Sin embargo, es prudente señalar que la exposición constante a estas noticias sin contextualización o desde el mero “filtrado de información” no nos vuelve más conscientes o nos lleva a centrar las narrativas de las y los sobrevivientes en esas historias; y en el peor de los casos caemos en información sin verificación o falsa plenamente, que continua con un tono de sensacionalizar o de morbo ante el tema de la violencia sexual a las infancias.

De acuerdo a diversos profesionales de la salud mental, le han acuñado el nombre a estos fenómenos como “sobresaturación de información de noticias” o en algunos casos “trauma generalizado de testigo”; refiriéndose al ciclo de información gráfica al que estamos expuestos y el impacto traumático que puede dejar en las audiencias, que así mismo es interrumpido por nuevas noticias, generando síntomas similares al estrés crónico, ya que estamos expuestos a detonantes a todas horas. Lo cual ha tenido un efecto directo en nuestra memoria y la forma que aprendemos, aunado a los formatos de video corto que caracterizan la nueva forma de producir y consumir información.

Ante eso, es necesario reconstruir un discernimiento en medios que nos permita afrontar grandes cantidades de información como audiencia, de una forma que no impacte de forma negativa nuestra psique. Atendiendo y priorizando plataformas, periodistas y medios que comuniquen de formas empáticas, con perspectiva de género y centrando la información relevante, sin hacer uso sensacionalista de la violencia; inclusive valiéndonos de las herramientas existentes en diversas redes sociales, como el algoritmo, procurando buscar información de medios serios con tonos empáticos y críticos; con el fin de que los espacios que habitamos como usuarias o audiencia, mantengan un flujo y análisis de noticias menos dañino.

De la misma forma, es necesario explorar nuevos balances en cuanto al tiempo que pasamos consumiendo y digiriendo noticias de la extensión y gravedad como el caso Epstein. Si bien, el abordaje de no informarse, en algunas ocasiones no es posible por la cobertura mediática de dichos sucesos, es importante protegerse y considerar que noticias con ciertas temáticas de violencia sexual, de género o hacia las infancias puede ser un detonante para muchas personas, por lo cual en esos casos, lo más recomendable si es abstenerse de interactuar con ese contenido en la medida de lo posible, para evitar más estrés. Si bien, en caso de que no sean detonantes precisos, también es prudente disminuir la constante interacción con este contenido para que seamos capaces de procesar de una forma responsable dichos sucesos sin que generen un impacto sobre estimulante o de estrés en nosotros.

A pesar de que es imposible controlar el flujo de información y la cobertura de temas adyacentes a la violencia, como audiencia y usuarias de redes sociales, podemos tomar acciones para mantener un equilibrio sano entre la información que recibimos y acciones de autocuidado para nuestro bienestar mental. Así como elevar voces periodísticas y medios responsables en su cobertura, con perspectiva de género, que puedan acercarnos a un consumo de información, noticias y sucesos desde narrativas humanas y empáticas.