Por Cinthia González Salinas
¿Te acuerdas qué es ser adolescente? Es una etapa llena de significados y descubrimientos, es conocerte y conocer el mundo; hay tensiones pero es algo nuevo, es catastrófico y emocionante. Por mucho tiempo el imaginario colectivo ha retratado la etapa de la adolescencia como un periodo rebelde e incomprendido y esa definición no pasa de ahí. Reducir la adolescencia a un momento de inmadurez y confrontación nos evita darnos cuenta que también es una etapa que debe ser acompañada con cariño y escuchada con atención, sin juicios ni absolutos. Desgraciadamente esta construcción existe de igual manera en el entorno digital, olvidando que la tecnología no es solamente una herramienta, pero ahora es también una forma de extender nuestra vida y conectar con nuestro entorno.
Hablar del uso de dispositivos en la etapa de la adolescencia implica, antes que nada, reconocer la diferencia generacional que nos separa; muchas personas adultas crecieron en un mundo donde lo digital no era lo central, donde la información se buscaba en bibliotecas. En cambio las generaciones actuales han crecido en entornos acompañados por la digitalidad incluso en edades muy tempranas. Esta diferencia no es buena ni mala, pero nos ayuda a aterrizar las condiciones de los contextos en los que vivimos y viven.
También pasa que esta comodidad y cotidianidad con los dispositivos se traduce en juicios, “adición a las pantallas” o “desconexión de la realidad”; entonces les pregunto ¿qué es la realidad? ¿Por qué mi realidad adulta debería de ser el referente en la vida de la adolescente? Ni buena ni mala, pero una diferencia que debería sacudir nuestra visión adulta, pues las computadoras, teléfonos o plataformas digitales no son solo herramientas, también son puntos de encuentro, aprendizaje, expresión, conexión, autoconocimiento, etc. A través de ellos se construyen amistades, crecen intereses, conocen el mundo, descubren comunidades, desarrollan su identidad y un montón de cosas más.
El mundo digital no es un lugar separado de la “vida real”, sino una extensión de ella. Los vínculos y el cariño también se construyen en línea, negar esto o minimizarlo solo crece la desconexión entre generaciones. Y si bien la adolescencia implica una etapa de independencia y auto exploración en línea, eso no significa que deban vivirla en soledad. Muchas veces hemos escuchado la frase “nómadas digitales” o has visto que son persona que están más cómodas usando los dispositivos, esto no quiere decir que la violencia digital y las malas experiencias no les sucedan, por el contrario, esta frase no debe de excusar que acompañemos a las adolescencias en lo digital porque son “expertos”.
Acompañar no es invadir, pero tampoco desaparecer.
La relación adulta-adolescente en el ámbito digital, a veces parece que se limita a estos dos extremos: control excesivo o ausencia total. Por un lado tenemos prácticas de vigilancia extremas, prohibiciones absolutas, restricciones o castigos. Por otro lado entrega de dispositivos que se quedan ahí, no hay orientación, consejos. Ninguno de estos dos enfoques resulta suficiente. Así como cuando cruzabas la calle de la mano de tu mamá, o te decían que no te bajaras de la banqueta cuando caminabas en la calle; también es necesario acompañarles en el entorno digital, incluso en riesgos y situaciones que no conocemos o no imaginamos.
Acompañar en entornos digitales implica fomentar el diálogo, ¿sabes qué contenido le gusta?¿cuál es su creador de contenido favorito?¿qué redes sociales usa?, empezar con confianza y escucha activa estas conversaciones “fáciles” abre camino a hablar de situaciones que son incómodas o duelen. Sin estos espacios de confianza es más probable que enfrenten estos problemas en soledad.
Acompañar en entornos digitales también significa que debemos conocer de seguridad digital y algunas de sus herramientas, hablar sobre privacidad, consentimiento, manejo de información; no desde el miedo sino de la construcción de espacios seguros. Pero, lo más importante es reconocer que no lo sabemos todo y está bien. Lo que no está bien es quedarnos ahí, sin preguntar, sin explorar.
Los espacios digitales también contribuyen a la construcción de identidad. Para muchas personas adolescentes, el internet es un espacio donde pueden explorar quiénes son, encontrar referentes, conectar con otras personas. Ahora imagina la inmensidad del internet, y la gran variedad de personalidades que lo navegan, puede resultar abrumador estar en contacto con todas; es por eso que el diálogo es tan importante, para abordar inquietudes o preocupaciones desde un espacio empático y una escucha sin juicios.
Para terminar, les invito a cuestionarnos la frase “los tiempos pasados eran mejores”. Cada generación ha tenido sus propios desafíos y formas de socializar y desarrollarse. Las personas adolescentes de hoy no son “peores” por usar dispositivos, así como las de antes eran “mejores” por no tenerlos, los contextos son distintos. Aceptar esa diferencia es el primer paso para construir puentes en lugar de barreras. El reto no es alejar a las adolescencias de los dispositivos, es encontrar un punto medio que nos enseñe a habitarlo de forma consciente y segura, implica una corresponsabilidad entre los diferentes entornos en los que vive una persona adolescente; como su casa, su escuela, sus amistades, etc. y es nuestra responsabilidad como personas adultas acompañar esos procesos.
En lugar de preguntarnos ¿cómo hacemos para que deje el celular?, podemos preguntar ¿cómo puedo estar más presente también en su mundo digital?.
La solución no es tener todas las respuestas de la noche a la mañana, las adolescencias no necesitan más distancia, sino más espacios de escucha y diálogo que les acompañen, incluso en espacios que parecen ajenos a nosotras y nosotros pero sí importantes para quienes están creciendo en ellos.
