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Disponer, palabra clave para la acción

Por Paloma Vázquez

Según la Real Academia Española, disponer proviene del latín disponĕre y significa “colocar, poner algo en orden y situación conveniente”.

A principio de mes acudí a la primaria que está en el barrio en donde vivo. Está enfrente del jardín principal, frente a un kiosco que está rodeado de árboles gigantes. Es una escuela pequeña que desde 1891 recibe a muchas de las infancias que viven cerca. Un ícono del barrio y la ciudad a decir verdad, que ha visto generaciones de niñas y niños crecer.

Cuando empezamos las actividades de este año, desde el principio pensé en ir a esa escuela a solicitar un espacio para los talleres que realizamos desde Cultivando Género. Seguramente lo saben, pero el Bajío es una región donde ciertos valores pueden llegar a limitar el derecho al libre desarrollo de las infancias y el acceso a la información, y así limitar la reflexión acerca de cómo habitan y experimentan el internet, que hoy en día es un espacio donde existen todo tipo de contenidos y prácticas, desde los que promueven la creatividad, la diversión y el ocio, hasta los que pueden llevar a las niñas y niños a situaciones de violencia digital. Estos puntos de vista se instalan en casi todos los espacios, especialmente en las instituciones educativas.

A sabiendas de eso, siempre es una moneda al aire cómo las autoridades académicas van a recibir tu propuesta.

Llegó el día. Fui a la escuela a entregar el oficio solicitando el espacio para los talleres. En cuanto entré a la oficina de la directora, lo primero que me dijo fue que no, que las profesoras y profesores tenían muchas actividades y que no tenían tiempo para actividades extras. Yo respondí diciendo que no había problema, que yo podría adecuarlo a otra fecha. Mientras trataba de convencer a la directora de la importancia y viabilidad de las actividades, ella tomó un micrófono que estaba a lado de su escritorio y que sonaba por toda la escuela, y comenzó a llamar a los profesores de 4°, 5° y 6° grado. Empezaron a llegar a la dirección y, de pronto, ya nos encontrábamos en un salón, en círculo, conversando. Cada uno expresó su punto de vista sobre la propuesta, compartieron lo que ellos habían observado en su grupo y, entre todo el profesorado, llegaron al acuerdo de brindar tiempo de sus clases a los talleres. La directora accedió, mencionando que para ella era importante primero preguntarle al personal docente y conocer su punto de vista.

Cuando salí de la escuela me sentí feliz. Sin planearlo, se provocó un espacio de diálogo y acuerdos que resultaron de un grupo de personas que tuvieron la disposición de abrir un espacio en sus salones de clases para hablar sobre la importancia de los datos personales de las niñas y niños con los que conviven gran parte de su tiempo.

En este sentido, consideraron en colectivo que era conveniente para las niñas y los niños.

La disposición de las personas que están frente a las instituciones públicas es fundamental para que se abran espacios de diálogo con las infancias, como los que se proponen desde Cultivando Género, y que está mediada por los valores personales. Las profesoras y profesores también son personas: padres, madres, tías, tíos, personas que viven en los mismos barrios, que usan internet, que también tienen dudas y preocupaciones sobre lo que ven las niñas y los niños en las pantallas, sobre lo que callan, sobre lo que repiten, sobre lo que aprenden sin que nadie se los explique.

A veces pensamos en las instituciones como algo lejano, rígido, como si fueran únicamente reglas, formatos, permisos y oficios, pero las instituciones también son las personas que están ahí todos los días, tomando decisiones pequeñas que terminan afectando la vida cotidiana de muchas personas. Decidir sí o no a un taller puede parecer algo menor, pero en realidad es decidir si se abre o no un espacio para hablar, para escuchar y para nombrar cosas que muchas veces no se nombran.

Disponer entonces no solo fue ir y entregar un oficio. Disponer también fue que la directora tomara un micrófono y llamara a su equipo docente para preguntarles su opinión en colectivo. Disponer fue que las profesoras y profesores se tomaran el tiempo de escuchar una propuesta que no estaba en su planeación. Disponer fue mover horarios, ajustar tiempos, ceder un espacio de su clase para algo que consideran importante para sus estudiantes.

Disponer también es una forma de cuidado. Porque cuando una persona dispone tiempo para hablar con las infancias sobre sus datos personales, sobre el cuidado en internet, sobre la violencia digital, lo que está haciendo en realidad es abrir un espacio de cuidado colectivo. Un espacio donde las niñas y los niños pueden preguntar, contar, reconocer situaciones que tal vez pensaban que solo les pasaban a ellos o ellas.

Pienso que muchas de las cosas que hacemos en organizaciones de la sociedad civil tienen que ver con eso: con disponer. Disponer el tiempo después del trabajo, disponer los fines de semana, disponer la energía, disponer la escucha, disponer el cuerpo para ir a tocar puertas, para explicar qué es importante hablar de estos temas con las infancias.

Y a veces la respuesta es no. Pero a veces, como pasó esta vez, alguien más también está dispuesto.

Y cuando eso pasa, cuando varias personas están dispuestas, entonces algo se acomoda, algo encuentra su lugar, algo se pone “en orden y en situación conveniente”, como dice la definición. Entonces la palabra deja de ser solo una palabra y se convierte en una acción.

Disponer, al final, es hacer que las cosas pasen. Aunque sean pequeñas. Aunque sean en una escuela pequeña frente a un kiosco rodeado de árboles gigantes. Aunque sea moviendo unas horas de clase para tener una conversación que tal vez, para alguna niña o algún niño, haga la diferencia.